El año pasado, le propuse a mi mamá desayunar juntas los sábados para que me transmitiera sus aprendizajes de constelaciones familiares, ya que ella fue parte de la primera camada en el país y ejerce desde hace 15 años. En una de esas jornadas, la conversación hizo foco en “lo femenino”. Y me embarré hasta el cuello.

Describió la energía femenina como receptiva, pasiva, cuenco, que se deja cuidar, vulnerable. No supe por dónde empezar a debatir. Acababa de separarme y montar un hogar de cero mientras mi empresa prosperaba luego de su primer semestre de vida: “¡Al cuerno con lo receptiva y vulnerable!”, decía mi mente.

Intenté “explicarle” desde un inventado punto antropológico (??) que ella había recibido otro tipo de educación y que esta última década esa tabulación de femenino sonaba desactualizada. Avancé diciendo que las mujeres que conozco que son así en un 100% terminan dependiendo de hombres para sobrevivir, lo cual hace que pierdan su libertad.

Cuando mi madre retrucó: “Entonces definilo vos”, tuve que pedir un plazo y convertirlo en una búsqueda:

1) Ser sin hacer: en varias situaciones nuestra presencia como mujeres “acomoda”. En lo laboral, a veces soy la única mujer en la sala y hace un tiempo entendí que eso solo ya modifica el entorno. Cuando estoy en mi centro, mi energía femenina integra, trae comprensión y empatía. Cuando “soy”, necesito hacer menos. No es ser pasiva, sino captar la fuerza de mi presencia. No es ser cuenco, es generar entornos amorosos. Sí, en las reuniones de directorio también.

2) Honrar las emociones: sé que mi energía femenina es la que me permite escuchar y dar espacio a mis emociones. Cada vez entiendo más que ellas son el lenguaje entre alma y cuerpo, son el motor de los deseos y, por suerte, son direccionables y trabajables. En mi meditación matinal, hago un chequeo, escucho y acomodo emociones.

3) Crear belleza: somos magas, creadoras de vida y de realidades. Cuando irradio belleza en mí, mi hogar, mis plantas, mis comidas, mis mails, mis mimos, mis conversaciones y cada habitación en la que entro, sé que “lo femenino” está detrás.

El gran remate

Al explicarle a mi doc ayurveda que creía que debería trabajar mi feminidad, me preguntó: “¿Cuál es el problema con tu masculinidad?”. Creí que no me había entendido y lo corregí. Respondió: “Tu masculinidad es la que impulsa tus avances, tu liderazgo y tu gran capacidad de hacer”. Alivio.

Siendo bastante obvio que todos somos una mezcla de energías femenina y masculina, lo más interesante es potenciar y saber ecualizarlas, más que enfrentarlas. El mundo tiene tantas dolencias (ambientales, sociales, espirituales) por querer disociar y crear opuestos donde no hace falta.

Mi invitación es: entender qué es lo femenino y lo masculino en cada uno de nosotros (hombres y mujeres), aprender a usar ambas energías y honrarlas en los demás.

May.

Columna publicada en Ohlala en Marzo 2017.

 

+ info:
Video de Abuela Margarita “el despertar de lo femenino”: el poder de la energía femenina.

Una sugerencia: buscar referencias de la mujer en distintas culturas, épocas de la humanidad. Encontrar una mirada más amplia y menos sesgada de nuestra contemporaneidad y a su vez entender de dónde venimos.