¿Te escuchás cuando hablás? ¿Medís lo que tus palabras provocan? Como les conté en otra columna, cada vez que hablamos emitimos una especie de hechizo, y hace un par de meses, me propuse revisar mi lenguaje y separarlo en dos: las frases que fortalecen y las tóxicos. Volví a escucharme “limitada” con quejas, críticas y escasez. Recordé un desafío que había hecho hace un tiempo: estar 21 días seguidos sin quejarme. Quise retomarlo, pero con un cambio: esta vez ,haría 21 días sin quejarme y 21 días sin criticar a nadie.

Si te digo que un tercio de nuestras conversaciones se centran en este tipo de cosas, no me creerías. Tan llenos de miedos e inseguridades estamos que lo más cómodo es quejarnos, criticar y victimizarnos. Es cultural, somos argentinos, la calle está jodida, si no lo hago quedo como la hippie o la que no tiene sentido de humor. Excusas.

La invitación de hoy es esta: revisá tu lenguaje, decidí qué querés cambiar y “ejercitá el músculo”. Si hay algo que aprendí en mis búsquedas, es que si nos quedamos en la fase de inspiración (leer, tomar cursos) pero no ejercitamos o hacemos, termina siendo una masturbación espiritual y nada más.

¿Qué hay detrás?

A mi entender, al usar ciertas palabras suceden dos cosas. Por un lado, lo que inmediatamente provoca en el entorno y en las personas que nos rodean. Imagino a las quejas, críticas o miedos de escasez como nubes negras y densas que invaden el espacio.

Por otro lado, cuando la mente escucha esas palabras, genera un surco sobre cierta línea de pensamientos y eso luego condiciona las emociones y acciones. Modificar nuestro decir, altera nuestro pensar y sentir. Quiero eso.

Consejos para lograrlo

– Podés usar un amuleto que te ayude a reforzar el entrenamiento de manera metacognitiva. Esta vez, usé dos anillos, uno para cada desafío. Cada vez que me quejaba o criticaba, lo movía de mano y el conteo volvía a cero.

– Involucrar a otros para que nos ayuden a monitorear. En mi caso, avisé a compañeros de trabajo y les pedí que me indiquen si me quejaba o criticaba. A su vez, puse el día 21en nuestro calendario compartido para hacer visible mi compromiso.

– Tomar distancia (real o mental) de contextos tóxicos. Empezás a notar dónde caes por contagio y te preparás para ser fiel a quién elegiste ser.

Una vez que te dispongas a hacerlo, cada vez que te quejes, moverás el amuleto de lugar y empezará de nuevo. Verás que posiblemente caigas tres veces o más, pero cada vez durarás más hasta llegar a los 21 días corridos.

Un truco es poder reformular a tiempo, transformando una queja en un compromiso a hacer diferente la próxima vez. Así: “Perdí dos horas en el banco porque había pocos cajeros… la próxima vez voy más temprano”. Al agregar esta parte, rescatamos una queja (te juro que cerca del día 21, harás lo que sea para salvarte de empezar de cero!). Esto ejercita el pensamiento resolutivo y deshabilita la victimización.

Ludwig Wittgenstein dijo “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Si Ludwig me permite, sumo: “la elección de mi lenguaje construye mi mundo”.

May.

 

+ info:

A complaint Free World : Hay un movimiento entero detrás de este desafío.

Podés repasar lo que hay detrás de la impecabilidad de las palabras en esta columna anterior.

Columna publicada en revista Ohlalá en el mes de Septiembre de 2016.