“Necesitamos saber que pueden volverse aprendices” explicamos a las corporaciones que nos contratan para armar programas de innovación con empleados. Para reclutar emprendedores corporativos, sabemos que necesitamos gente proactiva, pero si se creen rockstars sin espacio a aprender no los seleccionamos. No solo porque hay capacitaciones, sino porque cualquier buen emprendedor se siente aprendiz en casi todo momento.

Para los que buscamos crecer en cada plano, perfeccionarnos, y hasta fantaseamos con volvernos expertos en algunas disciplinas, hablar de “aprendices” parece incompatible. No creo que lo sea. Podemos llevarlo al extremo para que después quedarnos con una dosis adecuada: ser aprendiz es una filosofía de vida. Epa.

Sentirnos aprendices es empezar con cuaderno mental nuevo. Es empatizar con nuestra incertidumbre inicial y tenernos paciencia. Es saber que vamos a pifiar y que de eso aprenderemos. Es dejar de lado el juicio ajeno y reírnos de nosotros mismos. Es comprometernos a evolucionar un milímetro por vez. Es alentar al que recién empieza. Es escuchar al que ya lo vivió. Es saber preguntar y sobretodo escuchar respuestas. Es tener curiosidad.

Cuando empecé a trabajar más intensamente diseñando procesos de aprendizajes para profesionales ultra turbinados, decidí que para empatizar debía encarar una actividad que provoque eso en mí. Ese año practiqué Kung Fu hasta rendir examen y obtener mi cinturón amarillo. Me forcé a estar en un ambiente del cual no sabía nada. El cinturón blanco me recordaba que era una pequeña saltamontes (y una vieja!) cada vez que pisaba el tatami. Te la regalo.

Gran aprendizaje para trabajar todo lo del párrafo anterior. Hay una frase que está de moda hace años que dice “¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?”. Mi invitación en esta columna no tiene que ver con elegir un recorrido distinto para llegar al trabajo o tomar clases de cualquier cosa cada mes – nadie dice que no puede nutrir la creatividad, solo que no es mi punto acá. No buscamos popurrí en modo random. La invitación es a adoptar una actitud de aprendiz desde que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir.

En el plano 3D

Cuando lo aplicamos a nuestra vida académica o profesional, lo que hacemos es comprometernos con nuestro propio proceso de aprendizaje. Hacemos visible lo que queremos aprender, estamos atentos a las preguntas sin respuesta, asignamos tiempo para testear hipótesis nuevas o consultar a expertos y colegas. Lo mismo con cualquier actividad a la que dedicamos horas y esfuerzo aún si son recreativas.

En planos más sutiles

Acá es donde se pone picante. Pocos de nosotros permitimos sentirnos aprendices en las relaciones. Aún cuando sabemos que somos madres primerizas, nos frustramos con nuestra falta de respuestas. Empezamos relaciones de pareja y nos da pánico tener altibajos mientras nos estamos conociendo. Ni hablar si emprendemos viajes espirituales y sentimos que no conectamos con todo lo que creíamos que íbamos a conectar.

Si vinimos a este mundo para aprender, sugiero practiquemos tener paciencia, empatía y disciplina hacia nuestras acciones más mundanas pero también a todo lo relacionado con el corazón.

Con curiosidad y alegría, pequeño saltamontes de la vida.

May.

Columna publicada en revista Ohlala en mayo de 2017.

 

+info:

La charla Ted de Ben Dunlap es una de las más recomendadas y toca este tema con una narración profunda y sentida.

Mastery” de George Leonard. Hace foco en la práctica más que en el éxito, alejado del zapping sobre casi cualquier actividad que emprendemos en los tiempos que corren.