Empecé a leer libros sobre mujeres líderes que describen su camino y cuentan cómo fueron forjando su carácter. La resiliencia, esa capacidad de sobreponerse a situaciones de dolor o conflicto, aparece en casi todas estas lecturas.

El 18 de diciembre del año pasado – sí, recuerdo la fecha exacta–, me tocó vivir una discusión profesional sobre roles en un proyecto que escaló en su nivel de conflicto hasta el punto de desdibujarse y parecer eterna. Gracias a que ya venía entrenando mi personalidad tan sanguínea –como dice mi amiga Tofu–, el golpe no fue mortal.

Muchas veces, no nos preparamos para el conflicto hasta que sucede, y ni siquiera creemos que existen herramientas puntuales para afrontar la adversidad. En mi caso, llamo a alguien (hola, Tofu, otra vez) y me pongo a llorar como loca.

Resulta que estas mujeres de los libros cuentan que armaron sistemas internos para lidiar con la adversidad. Y la clave está en que parte de la preparación es previa o, mejor dicho, permanente. Comparto entonces una mezcla de lo que aprendí leyendo y testeé sin querer ese día ao vivo:

1. Identificar escenarios adversos: de tanto usar los análisis de escenarios con equipos de trabajo, entendí que era un desperdicio no hacerlo como plan de acción personal. La idea es pensar todos los posibles escenarios de una situación que se avecina y asignar probabilidades a cada uno de ellos. Como todavía son hipótesis, es probable que tengamos más claridad porque la nebulosa emocional no está. Escribirlos siempre ayuda y nos permite trazar planes de acción a tiempo.

2. Pausar y reenmarcar: en pleno conflicto, tomarnos una breve pausa suena a consejo demasiado simple, pero estas mujeres dicen que más de una vez salvaron sus carreras o relaciones simplemente porque frenaron su impulso a tiempo y respiraron hondo. Dentro de este mismo paréntesis, capturamos todos los detalles que podemos recordar y si tenemos más tiempo, escribimos los hechos uno a uno. Al escribirlo (muchas veces corroboro con alguien que haya estado presente), podemos distinguir y separar los hechos de las suposiciones. Así accionamos para reparar la situación desde un lugar más centrado y estratégico.

3. Recibir feedback: para aquellas situaciones en las que ya sabemos que vamos a recibir feedback de algún tipo, también podemos prepararnos. Será una reunión de desempeño con superiores o una cita para hablar con algún ser querido después de días de mucha tensión. En este caso, nos tenemos que asegurar de estar bien descansadas –sí, hablo de dormir bien–. Y de tener ensayadas frases que demuestren apertura, como: “¿qué creés que podría haber hecho diferente?”. La apertura en estas situaciones de feedback permite capturar aprendizajes concretos y crecer.

Me río cuando pienso lo racional que puede sonar esta columna para mujeres latinas, sanguíneas, viscerales… Podemos pensar este kit de técnicas ante la adversidad como un cortacorriente que puede usarse o no a piacere. Para mí, estuvo bueno saber que lo tengo disponible.

 

+ info:

Si te gustó el punto 1, el libro The Art of the Long View, de Peter Schwartz, es un gran disparador para la planeación por escenarios.

Para el punto 2, uso calm.com con headphones, podemos setear 5 minutos y tomarnos una pausa en cualquier contexto. Tiene web y app gratuita, después de un tiempo de usarla compré el upgrade de la app por sus meditaciones guiadas.

Columna publicada en revista Ohlalá en julio de 2015.