En marzo, no sabía qué estaba pasando en mi relación con Milo – mi hijo de 9 años. Aunque no voy a la psicóloga, decidí ir para tener claridad porque, por primera vez en mucho tiempo, ni mi instinto de madre ni mis inventadas recetas estaban funcionando. Fue una lluvia de descubrimientos.

“Retirate” fue el consejo. Tan breve en palabras y tan complejo de aplicar. Lo interesante fue que la sesión era sobre mí, como todas sospechamos, no sobre mi hijo, y la consigna no era solamente para mi vínculo con Milo sino hacia el mundo entero.

“Retirate” no se refiere a abandonar lo que importa, sino a no hacer de más. Dar aire para que el otro tenga tiempo de procesar, elegir y actuar. Lo asocié inmediatamente a algo que vengo practicando desde hace un tiempo: llamarme al silencio.

Entendí que con tantos mensajes de empoderamiento, declarar intenciones, poner el alma en lo que hacemos, generamos un torbellino de intensidad que debemos aprender a regular. Encender para iluminar, no para incinerar.

Van tres meses del nuevo desafío de aprender a retirarme y practicar estar cómoda en el silencio. Les comparto mis primeros aprendizajes:

1. Da libertad. Cuando se trata de hijos (aplica a parejas, amigos, etc), muchas veces creía que dar y dar era amoroso. Descubrí que callar y dar espacio genera oportunidades de aprendizaje donde puede encarar la experiencia y guardar ese recuerdo vivencial para futuro uso. Si lo hago yo, el otro se pierde esa posibilidad.

2. Recibo más feedback. Como los demás ahora pueden hacer más, manifiestan más. Si me retiro, dejo ese espacio para que lo completen a gusto. Si hago silencio, pueden finalmente expresarse! Este consejo lo usamos en innovación en entrevistas a usuarios: preguntar, escuchar respuesta y sostener silencio. En general las personas reformulan y explican mejor.

3. Vuelvo a mi centro. Menos intensidad hacia fuera, más calma hacia dentro. Dice Hermann Hesse en Siddharta: “Dentro de ti hay una quietud y un santuario al que te puedes retirar en cualquier momento y ser tú mismo.”

4. Me nutro de nuevas formas. Me retiro, suelto el control y aparecen nuevos formatos porque ahora todos son maestros y creadores de realidades. Aparece un espectro multicolor de formas de amar, de dar, de enojarse y perdonar. Milo me enseña.

En mi cuarto tengo un recorte viejo de una nota de Euge en Ohlalá que dice “¿Qué dice tu silencio hoy?”. Lo uso como una invitación diaria a calmarme y escucharme más. Dispara mis afirmaciones de quién soy > quién elijo ser > cómo elijo actuar.

Retirarme es soltar la necesidad de tener el control y poder navegar la incertidumbre de la vida. En criollo, remar menos y surfear más.

May.

Columna publicada en revista Ohlala en junio 2017.

 

+ info:

Las que somos mamás siempre podemos revivir algún capítulo de la serie Según Roxi y reír con el tan acertado #MenosRoxi

Menos pero mejor” es una vieja columna (Nov 2015) que marida muy bien con este tema.