Inicios intencionales.

“Una columna tuya en Ohlalá, tu espacio de contagio y empoderamiento a mujeres como nosotras”. Wow! Pasé por todas las emociones y estados en una semana: asombro, orgullo, miedo y ahora “escribiendo” diría mi Whatsapp. Vengo a aprender, vale aclarar.

Hooola! Lo primero que quiero contarles es que soy mamá y emprendedora, creo en el poder de las palabras y en que podemos diseñar activamente nuestras vidas y lo que queremos que nos pase.

 

A “lo que queremos que nos pase” lo llamo nuestras INTENCIONES.

Me gusta distinguir los momentos de iniciación en mi vida, esas instancias en donde estoy por vivir algo por primera vez. No sólo me gusta distinguirlos, sino también hacerme cargo: poner pausa, contemplar y sentir que decido.

Claro que no todo lo que nos toca vivir es porque lo buscamos o diseñamos. Hay situaciones que se presentan solas o las generan los demás. El tema es que coincido con Viktor Frankl en eso de que siempre tenemos la opción de elegir cómo vivir lo que se avecina, de elegir el marco interno que le damos a lo que acontece afuera. Sí, siempre tenemos opción. Eso nos empodera, pero también nos hace responsables.

Como les decía, me gusta detectar momentos de iniciación o de cambio y tomarme un rato para pensar: qué quiero que me ocurra, qué quiero experimentar, qué quiero provocar en los que me acompañan, etc. Y no termina ahí, una vez que descubro mis intenciones, las verbalizo o las escribo porque, de nuevo, creo en el poder de las palabras y en tomar acción.

También revisito esas intenciones declaradas. A veces durante el proceso, a modo de brújula o para no llenarme de quejas periféricas que quitan fuerza. Otras veces las repaso al final, casi como cierre de todo lo que viví y ayuda a no exigirme de más. Si declaré que en estas vacaciones quería aprender a surfear y tener mucho sexo, no vale deprimirme porque vuelvo con tres novelas sin leer en la valija. Me obliga a ser coherente conmigo misma.

Creo en las mujeres y en nuestra magia. Deberíamos sentirnos mucho más poderosas y considero que eso puede mejorar si aflojamos con: las quejas, la auto exigencia y la desconexión de lo que NOSOTRAS queremos que NOS pase.

Tener presentes nuestras intenciones resuelve algo de cada una de estas cuestiones. Nos saca de ese andar en automático resolviendo interminables micro tareas encadenadas que nos dejan agotadas y disociadas de nosotras mismas. (Tengo semanas enteras así, ¿ustedes?) Las mujeres tenemos mucho aguante, pero llega un momento en donde necesitamos entender para qué tanto.

Esta columna es un inicio. No me dedico a escribir y tampoco tengo tiempo libre este año. Cuando Tere y Caro de Ohlalá me invitaron a almorzar, ellas supieron mejor que yo qué me iba a mover a hacerlo y le dieron un marco a esta columna que me pareció impostergable.

Eso rige mis intenciones hoy:

“Deseo escribir una columna que invite a las mujeres a reflexionar sobre su crecimiento personal, a sentirse más poderosas y conscientes de lo que les pasa, a hacerse preguntas más seguido y a entender que otra mujer puede ser más contención que competencia. Deseo escribir desde mis propios aprendizajes y entendiendo que es una charla entre pares. Me pongo al servicio de todas desde el corazón y pretendo disfrutarlo.”

May.

 

Columna publicada en revista Ohlalá en el mes de Septiembre de 2014.


Ajusto mis intenciones a este blog: invito también a los hombres a reflexionar sobre su crecimiento personal, a sentirse más poderosos y a hacerse preguntas más seguido. Me pongo a su servicio también y con muchas ganas de enriquecer mi mirada.