Uno de mis temas preferidos: el poder de las palabras y la búsqueda de volverme impecable con ellas.

Una botella en mi heladera tiene escrito con marcador la palabra “abundancia”, un tatuaje en el brazo me da instrucciones de por vida, cada mate con mi mamá (coach ontológico hace 18 años) requiere de una impecabilidad extrema.

Uso las palabras como hechizos, porque lo son, porque son las que me hacen maga y creadora de mi realidad. ¡Qué lindo es cuando te das cuenta de eso! Cada deseo, pensamiento o sentimiento se manifiesta a través de palabras. Eso es simple de entender, como todo lo que hoy escribo, lo difícil es aplicarlo sin olvidar la magnitud de su poder de creación – y de destrucción-. No existen las palabras inocentes. No existen las palabras vacías.

Hacia Nosotras Mismas

El otro día, una amiga me comentaba que temía hacer una consulta con una astróloga por miedo a las profecías autocumplidas. Y la entendí. Ahora caigo que es más fácil temer al poder de las palabras de otros, pero olvidamos que nosotros lo hacemos las 24 horas en nuestros pensamientos.

Cada vez que nos decimos “no soy lo suficientemente buena” o “eso sería imposible”, estamos dejando una huella, un trazo que marca una dirección.

Lo loco es que hasta lo decimos en voz alta, a veces porque nuestra autoestima no es óptima y otras veces porque la sociedad espera cierta falsa humildad.

¿Qué hacer?

– Frená y corregí (con palabras) los pensamientos no amorosos hacia vos mismo.

– Meditá, recitá mantras (existentes o inventados), escribí un párrafo que te describa honrando lo mejor de vos y leerlo cada mañana. Lo que sea, pero que sea ritual y rutina. Si asignamos aunque sea 5 minutos al día a decirnos palabras de amor, éstas también dejarán su huella.

Hacia los Demás

“Habla con integridad. Di solo lo que quieras decir” nos invita Miguel Ruiz en uno de uno de Los Cuatro Acuerdos. Pensalo un rato. ¡Qué tan lejos estamos de esto! ¿no? ¿No es sorprendente lo poco que valen las promesas, los “perdoname”, los parasiempres? ¿No es mejor no decirlo y ya?

Me molesta bajar el estándar hasta en lo cotidiano. Si me decís “mañana te contesto el mail”, no es en unos días, es mañana… porque siempre tenés la posibilidad de decirme “en unos días” en primer lugar. O no decir nada.

¿Qué hacer?

– Hacé que tu palabra valga. Esto genera confianza y respeto de los demás, nos volvemos predecibles desde un lugar divino.

– Si dudás, mejor no digas. Así evitarás compromisos que no querés asumir.

– Practicá no criticar o juzgar (jodido, se empieza por eliminar el pensamiento primero, no es solo lo que llegás a decir sino el juicio en tu cabeza).

Lo más importante que me gustaría decirte es que una vez que empezás a ser impecable, hacés lo que decís que vas a hacer y cuando eso sucede no hay más techo. Hay alas.

Palabras protectoras, habilitadoras, energizantes, creadoras, sanadoras. Palabras que son flechas.

Elegí bien,

May.

 

Más:

Mirá videos en youtube, documental o libros sobre Dr. Masaru Emoto. Probá con dos manzanas, hablales con palabras lindas a una y feas a otra por 20 días. Después partilas al medio y mirá. Experimentá hasta entenderlo. Es importante.

¿Tenés hijos? ¿Los nutrís con tus palabras? En mi caso, escribo y dibujo mensajes de amor y de empoderamiento en los tuppers de la vianda de Milo, mi hijo mayor. Dejo palabras que vibran amor cuando no estoy. Te invito a que pruebes un día.

 

Columna publicada en revista Ohlala en Febrero 2016.