Trabajo de manera independiente desde hace una década en la cantidad de formatos que puedan imaginar: como socia, freelance, consultora, productora. Recibo propuestas de distinta complejidad todos los meses. Esto me llevó a desarrollar un método personal para evaluar proyectos (pueden ser tanto laborales como sin fines de lucro) que hoy me dispongo a compartir con ustedes con la intención de que algún filtro nuevo pueda resultar útil en momentos de incertidumbre.

Lo primero que hago es evaluar qué tan compatible es la propuesta con mi estilo de vida y todo aquello “no negociable”. Ya saben que esta columna impulsa el autoconocimiento y este primer filtro lo necesita – los mayores innovadores de la historia dedicaban largas horas a conocerse a sí mismos, así que lejos de hacernos las Osho, estamos fortaleciendo nuestro poder de crear. Entonces, introspección para saber si nos bancamos hora y media de viaje, exponernos, ingresos variables o ser parte de un departamento de 60 personas. Lo que sea.

Si sos mamá, este paso es crucial porque tu estilo de vida puede estar ligado a la edad de tus hijos. Si hay algo que aprendí es que sirve mucho actualizar la mirada sobre nuestra forma de ser mamás a medida que los hijos crecen. Cuando Milo y León eran bebés, no concebía separarme más de tres horas de ellos. Ahora que crecieron, los tiempos son otros y este primer filtro sigue cambiando.

El segundo filtro es una ecuación que siempre ilustro como un banquito con tres patas: diversión, reputación (porfolio, abre-puertas futuras) y dinero. Cuando decido emprender o sumarme a proyectos, sólo una de ellas puede ser débil.

Realizo Pechakucha Night hace 8 años porque me divierte y abre puertas, entonces estoy bien si no gano dinero. Otros trabajos no me divierten pero pagan las cuentas y nutren mi perfil de Linkedin. Cada una sabrá qué priorizar, pero lo interesante es notar que si ya dos de estas patas son débiles, seguramente no duremos mucho. En ese caso, el proyecto deberá ser una carrera de 100 metros con un resultado poderoso en alguna de estas categorías.

“Diversión” puede generar preguntas a la hora de sumar proyectos. En mi caso, asocio “diversión” a tener buena relación con la gente involucrada en el proyecto. Hay personas que separan su vida personal de la laboral, como sé que no puedo, este filtro me sirve para saber si me sentiría bien almorzando o afrontando malos momentos con el equipo que estoy armando.*

El último filtro es detectar si el proyecto va a impulsar nuevos aprendizajes. No se me ocurre profesión alguna que no necesite actualización permanente hoy en día. Si el desafío es intrínseco al proyecto mismo, mejor porque me va a obligar a aprender cosas nuevas.

Estilo de vida. Diversión, reputación y dinero. Aprendizaje.

Si la incertidumbre sigue, suelo consultar a gente querida que nada conoce del rubro porque su mirada descontaminada y fresca siempre aporta luz.

Y como le dije a mi amiga Pía hace poco, hay muy pocas cosas en la vida que son irreversibles. Tranquilas.

May.

Columna publicada en revista Ohlalá en el mes de febrero de 2015.


En el blog:

* Si diversión te remite a Italpark, llamalo “motivación para arrancar el lunes”. Pero no vale que sea dinero o reputación.

Mi vida va a tal velocidad que, aunque esta columna sea de febrero de este año, ya hay muchas actualizaciones tanto en mis proyectos actuales como en mi mirada. Ya no realizo más Pechakucha Night y no tomo más proyectos que puedan nutrir mi Linkedin solamente. Estoy en un momento de mi vida y trayectoria donde reemplacé todo el segundo punto con hacerme esta pregunta:

¿Al servicio de qué me estoy poniendo?

Les comparto una charla de un evento que organizamos en el Malba donde Lau Varsky (increíble diseñadora e ilustradora – la de mi tatuaje!!) cuenta en pasos MUY similares a los míos cómo ella organiza sus proyectos.