Hace unos meses vi un video de Marcus Buckingham que me impulsó a actualizar mi mirada sobre lo que son las fortalezas y debilidades. Nunca presté atención directamente al tema, evité toda mi vida los tests de personalidad o vocacionales. Sin embargo, disfruto autoconocerme.

¿Cuántas de nosotras nos dejamos guiar por lo que nuestros padres, maestros, gerentes o amigos dijeron sobre nuestras habilidades (o falta de ellas) para orientarnos en nuestros estudios y carreras?

Nos obsesionamos con mejorar eso que no nos sale tan bien o nos encasillamos en las descripciones de habilidades estandarizadas como “soy buena trabajando en equipo”.

En los 90, seguí el consejo de todos mis profesores de exactas y estudié ingeniería en la UBA. Después de 4 años, simplemente me levanté en plena clase de Química Aplicada y me fui. Me iba bárbaro, pero me marchitaba.

Tal vez por falta de herramientas para tomar este tipo de decisiones en su momento es que este video de Buckingham me fascinó. Lo que propone es tan simple como disruptivo: las fortalezas no son aquellas cosas que sabemos hacer bien sino aquellas que nos dan fuerza. ¿Qué?

No importa que seas una genia del Excel y que todos te pidan ayuda con tareas contables. Si cada vez que lo hacés te aburre, deprime y deja sin energía, no es una fortaleza es una debilidad.

El mayor desafío es comprender dónde reside nuestra magia, nuestra “uniqueness”. Y poder activarla y sostenerla.

Despojarnos de las categorizaciones estándares aunque implique inventar conceptos nuevos. Entendí que soy iniciadora, no temo a la hoja en blanco ni a abrir caminos no recorridos. Me motiva tremendamente. Desde que detecté esta fortaleza medio particular, logré capitalizarla muchísimo. Mi amiga Estefanía se autodenomina Indiepreneur. Tomarse tiempo para autodefinirse es tan importante.

Hoy nos propongo emprender una búsqueda para detectar las situaciones, personas y actividades que nos llenan o drenan de energía. Para las metódicas, si al final del día escriben los momentos que más fuerza les dieron o quitaron, después de un tiempo tendrán un batallón de datos reveladores. Yo no logro hacerlo tan seguido, pero algunos domingos pienso en esto.

¿Qué estamos buscando? Situaciones que nos aburren al extremo, personas tan narcisistas o tóxicas que nos dejan con dolor de cabeza, actividades que buscamos postergar hasta último momento y que aprendemos a hackear prometiéndonos premios por hacerlas. Todo esto va al casillero de Debilidades.

Personas que nos hacen brillar, actividades en las que perdemos noción del tiempo, temas que leemos en nuestro tiempo libre, desafíos que nos llenan de adrenalina. Fortalezas, mis amigas.

Pero atentas con esto porque como les comentaba en septiembre vamos a ser protagonistas y no víctimas de nada acá. Lo que estamos detectando no es la situación o persona que es “mala hacia nosotras” sino cómo reaccionamos y actuamos en base a ese estímulo.

Nos debilitamos cuando nos achicamos. Decimos menos de lo que nos gustaría, opacamos nuestra singularidad, elegimos no brillar, jugar menos, hacernos las tontas, adormecernos. En definitiva, optamos por no ser magníficas y fuertes. Aunque sea por miedo, para sobrevivir o de pura lógica dentro de ese contexto, las que perdemos somos nosotras.

La próxima vez que tengamos que emprender una tarea o reunirnos con alguien (contexto personal o laboral), preguntémonos esto: ¿voy a poder expandirme o tendré que achicarme? ¿voy a opacarme o brillar?

May.

 

Columna publicada en revista Ohlalá en el mes de Noviembre de 2014.


En el blog:

¿Cómo manejás a esas personas que te drenan energía y no podés dejar de ver?

¿Qué hacés para enfrentar esas tareas que te debilitan?

Si el tema de premio-castigo-somos-hijos-del-rigor te interesa, mirá este emprendimiento llamado Carrot, un kit de apps con una despiadada inteligencia artificial – con un sentido del humor algo sádico – que te tortura si no cumplís con tus propias metas.