Mis columnas de diciembre apuntan a tomarnos el atrevimiento de reflexionar y decantar antes de pasar de año. Compartí con ustedes mi forma de generar un “balance de fin de año” con un set de preguntas para tener una foto más actualizada de nosotras mismas antes de declarar intenciones. El año pasado sumé una invitación a poder soñar en grande: a permitirnos repensar nuestros sueños más básicos y actualizarlos. Ambas columnas resonaron y se viralizaron enormemente.

Me pregunté entonces si había algo más que podría completar la tríada. Automáticamente apareció el perdón. ¿Cómo resetearnos sin antes meditar sobre pedir perdón y perdonar?

Perdonar

Perdonar es demasiado amplio para ser abordado de manera simplista en una columna. No podemos tratar de igual manera daños graves que ofensas pequeñas y la intensidad de cada uno requiere de procedimientos diferentes. Hoy solamente traigo (como casi siempre) una invitación a frenar y meditar sobre ello.

Muchos de nosotros aprendimos a adormecernos de manera selectiva para evitar sentir dolor. Lo hacemos a través de adicciones, enfermedades, simulando o intentando ser perfectos. Creemos que sentimos dolor por haber hecho algo mal y tratamos de deshacernos de la emoción rápidamente. Sin embargo, cualquier persona que se dispuso a trabajarlo y superarlo nos dirá que fue fuente de sabiduría y crecimiento personal. La primera invitación es a desterrar la sensación de culpa por sentir dolor o enojo.

Dejando de lado los casos más graves y complejos donde seguramente se requiera de ayuda profesional (o incluyámoslos y demos ese paso), nos invito este diciembre a tomarnos un rato para listar nuestros enojos, ofensas, desilusiones asociados a eventos y personas en nuestra vida.

Listemos todos: los del pasado y del presente, personas vivas, que ya no están, lejanas y muy cercanas -podemos incluirnos, eso sería otro ejercicio entero, no?-, eventos colectivos e individuales. Repasemos esa lista pensando si nos dan ganas de perdonar a alguien o a todos y elijamos una manera de hacerlo. Puede ser enviando un whatsapp (tremenda sorpresa sería), haciendo un llamado, diciéndolo en voz alta a nosotras mismas sin que esa persona se entere.

Si queremos hacerlo pero no nos sale, intencionémoslo. Sería algo así como “aunque todavía no sepa cómo, intenciono perdonar a x por haberme hecho sentir así. Te pido universo que me muestres el camino para hacerlo”. Reemplazar universo con deidades pertinentes de ser el caso. Lo importante es que, una vez que nos predisponemos a hacerlo, ya empezamos a perdonar. Un truco: no mencionamos hechos sino cómo nos hicieron sentir esos hechos, ya que eso es irrefutable, mientras que la interpretación de los hechos sería subjetiva.

Pedir perdón

Levante la mano quien crea que no le debe unas disculpas a nadie. Si de momento crees que no, te invito a hacer el mismo ejercicio de arriba y repensarlo. Armemos una lista de todas las situaciones de las que fuimos parte que ocasionaron dolor, enojo o desilusión en alguien.

Ahora nos invito a tratar de entender que más allá de quién tuvo razón, si lo que causamos fue dolor, tenemos la increíble oportunidad de ofrecer nuestras disculpas de corazón. Tal vez ya lo hicimos pero tenemos la sensación que no fue suficiente y podemos optar por reforzarla. Nos invito a hacerlo este mes sin demorarlo más.

Todo bien con los brindis y las compras de madrugada con descuentos, pero ¿no sería acaso un gran cierre de año hacer foco en sanar? Aun si perdonamos a una sola persona y ofrecemos nuestras sinceras disculpas a otra, no imagino mejor forma de empezar el año con otra sintonía.

Este nuevo ritual puede servirnos para empezar a abrazar todas las emociones sin salir corriendo, lo que entiendo como el verdadero proceso para volvernos humanos. Como dijo Mia Astral, “encarnamos para aprender, no para ser perfectas”.

Brindo por un 2017 de amor sin miedo.

May.

 

Columna publicada en revista Ohlala en diciembre 2016

 

+ INFO:

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